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Los 7 riesgos intrahospitalarios que deberías conocer

No cualquiera trabaja rodeado de enfermos, patologías contagiosas, horarios corridos, exigentes y agotadores (de hasta 36 horas continuas), carga excesiva laboral, inclusive novatadas y mobbing en algunas ocasiones. Como profesional de la salud, debes tener mucho cuidado al realizar tus prácticas hospitalarias, un descuido tuyo puede repercutir en tu paciente; o peor aún, puedes adquirir alguna infección grave y/o incurable. Todo el personal hospitalario enfrenta riesgos diariamente, cuyas consecuencias pueden afectar su salud. Te mencionamos los siete riesgos intrahospitalarios más frecuentes y cómo prevenirlos (en la medida de lo posible).

1. Ya me corté…

Las picaduras, pinchazos o cortaduras son los riesgos más comunes en el hospital, por lo que debes prestar mucha atención al tomar muestras de sangre, suturar una herida, o al utilizar cualquier instrumental punzocortante. Asegúrate de preparar todo el material necesario previo a cualquier procedimiento para manipularlo lo menos posible al terminar. Nunca olvides material contaminado en la cama del paciente, en una mesa de trabajo, o en cualquier otro lugar que no sea la basura, tú sabes su ubicación pero los demás no. Tampoco guardes material contaminado (aunque sean muestras) en los bolsillos de tu bata y/o pantalón. Recuerda seguir SIEMPRE al pie de la letra, las normas internacionales para el manejo de Residuos Peligrosos Biológico-Infecciosos, o Biorriesgos.

2. ¡Cúbrase quien pueda!

Existen tantos fluidos, secreciones y sustancias biológicas que pueden caer en tu bata (o en el rostro), que es indispensable mencionarlas todas.

Lo más común es el famoso “bautizo” con líquido amniótico cuando se atiende un parto, ya sea por falta de experiencia o por alguna mala broma de tu superior.

La sangre en los procedimientos quirúrgicos es otro fluido que, hasta cierto punto, no puedes evitar pero sí prevenir. Cuando participes en una cirugía, investiga los padecimientos infecciosos de tu paciente (VIH,hepatitis C, etc.); si los padece, utiliza doble guante y protección ocular (además de la vestimenta estéril habitual).

En pediatría, medicina interna y urgencias existe otro fluido peligroso: el esputo. En sus diversas formas de transmisión (tos, estornudos, escupitajos) es un vector común de contagio de enfermedades como la tuberculosis. Lo único que puedes hacer para exponerte al mínimo es usar ADECUADAMENTE el cubrebocas, o utilizar dos al mismo tiempo con pacientes que tienen infecciones muy contagiosas.

La materia fecal es otro desecho que vas a manipular (en ocasiones, literalmente). Cuando te toque (ya sea para cultivos, tactos o desimpactación rectal) utiliza doble par de guantes y cubrebocas (así como protección ocular) para evitar experiencias desagradables…

3. El interno mutante

Cuando un paciente con ventilación asistida necesita un estudio de imagen, alguien debe tomar el riesgo de acompañarlo al cuarto de rayos X. Si les toca dicho “privilegio”, les recomendamos tomar turnos entre compañeros internos o residentes: entre menos se exponga una sola persona, mejor. Además, recuerda que los amigos que laboran en Rayos X deben proporcionarte equipo de protección (chalecos, guantes y/o gafas).

4. ¡Yo fuera! ¡TODOS FUERA!

Aunque la desfibrilación no es un riesgo muy común (sobre todo si se toman las medidas necesarias), es muy peligrosa. Al momento de realizar RCP hay que tener precaución al desfibrilar, si la descarga eléctrica te alcanza, podrías tener quemaduras muy serias, o caer en paro.

5. Los cirujanos también lloran

Existen muchas y muy variadas posiciones  no ergonómicas (e incómodas) que representan un riesgo para tu salud. La mayoría las sufrirás dentro de quirófano. Durante cirugías largas puedes: permanecer de pie o reclinado; aplicar fuerza constante con brazos, manos, muñecas y/o dedos (p. ej., sosteniendo una valva o pinza); o inclusive permanecer hasta altas horas de la noche sin poder dormir. Todo lo anterior trae como consecuencia dolor lumbar, de miembros pélvicos y en las articulaciones relacionadas (y por si fuera poco, regaños constantes de algunos cirujanos). Inclusive, pueden formarse trombos en los miembros pélvicos, lo cual nunca es bueno.

  • Lo más recomendable en estas situaciones es movilizar las articulaciones afectadas, cuidando no interferir con estos movimientos en la cirugía.
  • Utilizar medias (o vendas) compresivas ayudará al retorno venoso de los miembros inferiores, atenuando el dolor.
  • Asegúrate de utilizar calzado adecuado, cómodo, ligero, con velcro o cordones bien asegurados.
  • Terminando la cirugía reposa con tus pies en alto (aunque parezcas un perezoso).
  • Al terminar la cirugía, o en otras situaciones, es probable que tengas que movilizar al paciente hacia su camilla; trata de solicitar ayuda SIEMPRE, para evitar daño innecesario a tu columna.

6. #Sufrocomointerno

Independientemente de la causa, alguna vez vas a sentir o experimentar ansiedad, depresión, estrés, frustración, fatiga, irritabilidad, tristeza, inestabilidad emocional, sensación de inferioridad, dificultad para concentrarte o tomar decisiones, anhedonia, culpa, indiferencia ante el dolor del paciente, inclusive ideaciones suicidas. Todas estas alteraciones puedes presentarlas en cualquier etapa, tanto al iniciar el trabajo hospitalario, como después de años laborando. Si estos padecimientos son constantes y/o tan frecuentes que intervienen con tu vida diaria, es necesario buscar la ayuda de un especialista.

7. Ojeras de mapache

El desvelo por exceso de trabajo es el pan de cada guardia para los médicos, ninguno puede decir que terminó su carrera médica sin desvelarse por lo menos una vez y, si en los años de preparación teórica eran un martirio, durante las prácticas hospitalarias es aún peor. No obstante, no puedes evitar desvelarte si quieres terminar todo tu trabajo (a veces pensarás que no es suficiente una guardia para terminarlo). Lo que  recomendamos es:

  • Organiza todo lo que tengas que hacer, prioriza tus pendientes de más a menos importante.
  • No seas como Mandrake (el mago que se desaparece de la guardia) si quieres que tus superiores te permitan dormir.
  • Realiza el censo, las notas y las indicaciones médicas (si te corresponden) antes de dormir, para que no sufras al entregar turno.
  • Recaba todos los estudios de laboratorio que tomaste durante la guardia y organízalos en el expediente correspondiente.
  • Si estas en urgencias o en otro servicio agotador, hagan turnos entre los compañeros de guardia para descansar ( mejor dormir 2 horas, que 20 minutos), su cerebro y sus piernas se los agradecerán. Eso sí, tampoco quieras abusar, respeta las reglas que establezcan desde un inicio.

En resumen, mientras trabajes en un hospital vas a estar expuesto a sustancias desagradables, agujas, malas posturas, radiación nuclear, trabajo extenuante, y un larguísimo etcétera de circunstancias que no podrás evitar por más buenas que sean tus condiciones laborales. No obstante, recuerda que no eres el único que sufre estos problemas, todos pasan por lo mismo: el interno, el residente, el enfermero, la trabajadora social, el camillero… Trata de organizar tu tiempo, controla el estrés, busca ayuda psicológica si lo consideras necesario, y apóyense entre compañeros. Por encima de todo no olvides por qué lo haces, por quiénes lo haces y por qué decidiste entrar a la carrera desde un inicio.

Referencias

  • Boletín Oficial del Estado, Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Orden ESS/1451//2013, de 29 de julio, por la que se establecen disposiciones para la prevención de lesiones causadas por instrumentos cortantes y punzantes en el sector sanitario y hospitalario, 2013.
  • INVASSAT, ERGO. Manual práctico para la evaluación del riesgo ergonómico, 2013. Valencia, España.
  • Organización Panamericana de la Salud, Organización Mundial de la Salud. La salud de los trabajadores de la salud, 2013. Buenos Aires, Argentina.
  • Ramírez Segura, C. L., Montenegro Orrego, M., Neciosup Puican, E. (2013). Condiciones de trabajo y perfil sanitario en los trabajadores de salud del Hospital Nacional Almanzor Aguinaga Asenjo – EsSalud. Chiclayo-2009. Revista del Cuerpo Médico del Hospital Nacional Almanzor Aguinaga Asenjo, 6 (13), 17-21.
  • Velásquez Pérez, L., Colin Piana, R., González González, M. (2013). Afrontando la residencia médica: depresión y burnout. Gaceta Médica de México, 149, 183-195.

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