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Cuando el médico no puede curar, pero cuida

health-insEl diagnóstico de enfermedad terminal es un drama para el paciente y su familia, que se hace aun mayor cuando el médico tratante  dice: “No hay nada más que hacer”.

Esto generalmente ocurre en aquellos pacientes que han agotado todas las opciones médicas curativas para su enfermedad. Lo primero es definir el concepto “terminal”, el cual lleva implícita la idea de término, de que todo terminó.

Es el paciente que tiene una enfermedad progresiva e incurable, que no ha respondido al tratamiento específico, con un pronóstico de vida de no más de seis meses y que desde el punto de vista médico no tiene posibilidades de curación, lo que crea un gran impacto emocional en el paciente, en la familia y en el equipo médico.

En esta situación de progresión de la enfermedad, todos los esfuerzos terapéuticos deben dirigirse a la promoción del confort del enfermo y su familia, para lograr la máxima calidad  de vida posible.

Nada más cruel  que decirle a un paciente: “No hay nada más que hacer”, esto produce en el enfermo un sentimiento de abandono y desesperanza enorme, pues si bien es verdad que desde el punto de vista médico ya se han agotado todas las posibilidades de tratamiento, también es cierto que se pueden hacer muchas cosas  en un ser humano que se enfrenta con el final de su vida,  que debe ser acompañado, cuidado, con decisiones sobre su vida y su muerte que es imperativo tomar, con deseos que deben ser respetados.

En la medicina actual los esquemas tradicionales que se le presentan al paciente terminal son precisamente lo opuesto a este planteamiento: el abandono y el encarnizamiento terapéutico.

En el primer caso se da de alta  al paciente considerando que la familia tendrá a su cargo la enorme responsabilidad de cuidarlo en su domicilio hasta que muera. Esto  me parece la mejor decisión ya que en mi experiencia, preguntando a pacientes dónde prefieren estar en sus últimos días, casi todos quieren estar en su casa, dormir en su cama, rodeado de sus cosas y de sus seres queridos, pero esto suele originar situaciones difíciles de manejar para un entorno familiar de por sí ya muy vulnerable, poco experimentado y con mínima información.  En otras ocasiones la actitud es radicalmente opuesta y bajo la “consigna médica” de luchar por la vida hasta el último instante, los pacientes son víctimas de tratamientos “curativos” agresivos y descontextualizados, cuyos efectos  secundarios y escasa mejoría implican un enorme costo físico, psíquico y económico.

Cuando digo que hay un momento en la evolución de un paciente con una enfermedad terminal en el que el “médico no cura pero cuida” es porque creo que “hay que cuidar cuando ya no es posible curar”.

Un proceso normal y natural
Entender que el protagonista ya no es la enfermedad, sino un ser humano sin esperanza de curación, con múltiples preocupaciones formalizadas o no que es fundamental atender.

Esta es la propuesta de los cuidados paliativos; promover la ayuda al paciente y a sus familiares a través de un buen control del dolor y de otros síntomas, manteniendo una comunicación abierta con apoyo sicológico y ayuda espiritual, para que tanto el paciente como su familia puedan enfrentar con entereza, paz y dignidad esta difícil situación y se pueda entender la muerte como un proceso normal y natural.

Fuente: http://www.listindiario.com/


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